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Yo, diseñadora. parte II

1 may

Continuando con el post de ayer sobre mi experiencia como diseñadora:

El 99.9% de los clientes tienen grabada en su mente la idea de que ellos podrían hacer el diseño si tuvieran el tiempo o si manejaran las herramientas, así que van a llegar diciendo cosas como: “quiero que el logotipo sea una esfera, que tenga textura como de metal y que esta esfera esté dividida en cuatro partes, que cada una de las partes tenga el símbolo de una de las áreas que engloba la marca, que tenga brillo, que se vea muy tecnólogico” (y esto es real, hace poco nos lo pidió un cliente). El trabajo del diseñador es darle un resultado que solucione su problema de comunicación, no que sea un reflejo fiel de la “brillante” idea que tiene. Sí, no es fácil.

Está comprobado que quienes anteponen LDG – o su equivalente – a su nombre son los mismos que estudian para ser profesores de diseño, y nada más, y también son los mismos cuyos proyectos de diseños consisten en hacer invitaciones para bodas o para cenas de navidad y que ven un gran negocio en imprimir más de 2000 unidades de una etiqueta porque tienen trato con el impresor. Es decir, esos que se ponen el título son justamente los No-diseñadores.

Todo en el diseño debe tener un por qué, no hay más.

Claro que existen quienes se inventan todo un tratado para justificar algo que nunca fue planeado y que está ahí sólo para llenar el espacio. Es inútil, ni el cliente más ingenuo va a aceptar algo que no le comunica. Intentar engañarlo es anti-ético, anti-profesional y además, inútil.

Por lo demás, sí se puede engañar a los clientes dándoles por su lado y salir del paso con un trabajo carente de calidad, de estética, de funcionalidad y de todo lo demás. Pero eso va contra muchos principios y a los diseñadores de verdad nos importan los principios.

El diseño es visual, nadie va a estar junto al público meta para explicárselo; el diseño debe hablar por sí mismo.

Un buen diseñador puede no ser un buen dibujante o ser más bien torpe en la  computadora, pero no puede haber un buen diseñador que no tenga sentido común.

El diseño es un proceso mental. Desconfíen de todo aquel cuyo primer -y único- paso es crear un nuevo archivo en Illustrator.

Estoy cansada de la infinita discusión sobre si el diseño es arte. Enfoquémonos en que el diseño debe cumplir una función, lo que venga después es aparte.

Un diseñador va a criticar – destructivamente, por supuesto – cualquier cosa no hecha por él y va a justificar apasionadamente cualquier cosa hecha por él. El grado de intensidad con que haga ambas cosas es inversamente proporcional a su calidad.

Aquí en México abundan las escuelas donde enseñan diseño gráfico como si fuera un curso de repostería. A los que tienen un título de una universidad de prestigio esto generalmente les molesta y claro, se sienten superiores. A mí me da igual, cada quien tiene su lugar y una trayectoria por recorrer, y al final la calidad siempre prevalece, por sinuoso que sea el camino.

Y por último, los clichés me dan mucha flojera, yo no guardo basura sólo porque “tiene buen diseño”, no fumo Camel ni ninguna otra marca, no me visto “locochón” ni en fachas, no venero todo lo que salga de Apple, no me alimento de chatarra, no soy fan de la lucha libre ni de Star Wars y cuando veo un mal diseño doy mi opinión SÓLO si me es solicitada.

Cuando recién entre a estudiar diseño, mis motivos no eran extremadamente fuertes ni profundos, pero conforme fue pasando el tiempo este universo me fue enamorando y ahora puedo decir que soy diseñadora, no porque trabaje haciendo diseño sino porque vivo en el diseño y crear se ha vuelto una función básica, así que celebro el diseño todos los días.

Yo, diseñadora. Parte I

30 abr

El miércoles fue el día del diseñador. La verdad ignoro por qué se celebra en esa fecha y desde cuando se conmemora,  a mí todos los “Día de…” en el calendario me tienen sin cuidado y este no es la excepción. Cabe decir, en cambio, que me tocó iniciar el día trabajando, literalmente. Llegué a trabajar normalmente el martes por la mañana y me fui el miércoles a las 4 a.m., un día típico, pues. Desde que empecé a cobrar más responsabilidad en la agencia donde trabajo, salir a la madrugada del día siguiente se esta volviendo más y más natural. Y no me quejo, porque en realidad me encanta lo que hago, por eso quiero tomar como excusa este Día del Diseñador (en el cual no felicité a nadie y las felicitaciones hacia mí me dieron una flojera enorme, igual que en el Día del la Mujer y más que cualquier otro, en el Día de San Valentín, pero como sea, la fecha es un buen pretexto para la reflexión) para comentar sobre mi experiencia personal, después de casi 9 años de haber iniciado la travesía:

He llegado a la conclusión de que los fundamentos del diseño siempre son los mismos, así se esté creando un cartel o un mueble. Todo empieza con la información, se trata de comunicar y de solucionar problemas. Eso lo aprendí en la universidad como un mantra y después de todo, ese concepto permanece inalterable.

Pero también se trata de inspirar a la gente, de generar sensaciones y emociones, por cursi que suene. De lo contrario, se crean obras estériles y totalmente prescindibles.

Cuando recién salí de la universidad y el mercado laboral se me mostró en toda su crudeza, me dije que prefería trabajar de mesera, de cajera o de lo que fuera, antes que terminar en una imprenta preparando los archivos de otros para impresión o ajustando logotipos para que fueran estampados en tazas, plumas y demás. Así de grande es mi respeto por el diseño.

Hay algunas constantes en este universo del diseño, una de ellas es: así como todo gran escritor debe ser primero un gran lector, todo gran diseñador debe ser primero un gran… lector.

Clientes potenciales, desconfíen de todo diseñador que jure que va a tener un trabajo listo en una hora. El diseño es un proceso y toma tiempo, eso que entregará en una hora no valdrá la pena, no funcionará y a nadie le va a importar. Pero quizás eso al cliente potencial tampoco le importe.

Esto me lleva a otra conclusión: el diseño también se trata de visión, de ambas partes.

Público en general, desconfíen de todo diseñador que use frases como “el acomodo de los elementos” o “el arreglo tipográfico”, así como de aquellos que usen indistintamente las palabras: señales, señalización y señalética; y también de los que digan “la tipografía” en vez de “la fuente”. Sencillamente porque desconocen la teoría del diseño y eso es equivalente a que un chef desconozca las propiedades y características de los ingredientes y los combine simplemente porque es lo que tiene a la mano y porque se ve bien, y eso cualquiera lo puede hacer y no se necesita estudiar ni prepararse.

Por cierto, estudiar la carrera en la universidad es sólo el primer paso. El camino puede ser tan largo como uno se lo proponga, pero en realidad nunca se llega al final porque es como una relación: nunca terminamos de conocer a la persona, ésta se transforma con el paso del tiempo, la relación evoluciona, pero si hay amor verdadero, conforme pase el tiempo la amaremos más. Así es el diseño.

Continuará…

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