Archivos por Etiqueta: innovacion

Documentar, ¿para qué? Parte II

17 mar

Aquí la continuación del post anterior:

Es cuando entra la realidad. La realidad con todos sus matices e implicaciones. Un director documenta porque los protagonistas existen, y por lo tanto, permiten una interacción, dan pie al diálogo en vez de a la imaginación -a diferencia de una historia de ficción “basada en hechos reales”, donde nunca podremos saber hasta dónde llegó la realidad- aún cuando lo que vemos en la pantalla sigue estrechamente ligado, igual que la imaginación, al punto de vista del director, pues la “realidad” que nos está contando puede ser muy distinta de otras “realidades”, siempre que vemos un documental sabemos que eso es real. Y el diálogo enriquece y deja huella. La imaginación también, pero mientras ésta es guiada por el artista y se canaliza de la manera más conveniente para la obra, el diálogo muta y es impredecible. Ahí radica el reto de esta forma de expresión.

Luego está el impacto. Como espectadores siempre nos va a llamar más la atención que lo que vemos en pantalla sea una ventana a otras realidades distintas a la nuestra. Con la ficción el impacto es menor porque al salir del cine sabemos que eso se lo inventó alguien. Para bien o para mal, se acabó. Con la realidad es muy distinto. Podemos dejar la sala de cine y pueden pasar días, y mantenemos la consciencia de que en algún lugar del mundo, alguien está viviendo esa realidad, para bien o para mal (y generalmente es para mal). Nuestra consciencia se alerta, nuestra percepción también.

El documental existe porque nos gusta esa ventana a la realidad, porque es como contarle a un amigo una historia que nos apasiona mucho, y que por supuesto, sucedió.  Existe porque puede llegar ahí donde la ficción no puede colarse, con una agudeza muy particular. Pero además ha evolucionado, desde aquellas épocas en las que era básicamente aquello que mencionaba en la primera parte de este post, hasta verdaderas joyas, que artísticamente están al nivel de las películas ficción… Y la evolución continúa.

Documentar, ¿para qué? Parte I

15 mar

Durante mucho tiempo mantuve la idea de que un documental era básicamente una herramienta de protesta social, un canal de crítica política o bien un medio para mantener un registro de hechos históricos. Luego supe de uno, por lo demás intrascendente, que un director le hizo una banda musical en el momento de su disolución y prácticamente se justificaba por la elección de un tema tan “banal” y decía, que unos jóvenes separándose después de haber pasado gran parte de su vida juntos, ¿Acaso no era un problema social? Mi percepción empezó a cambiar.

La semana pasada, Ambulante 2012 estuvo de gira en mi ciudad y pude ver todo tipo de historias. La de un especie de villa perdida y olvidada en la costa de Estados Unidos (Bombay Beach); otra de la disolución de una banda, esta sí muy relevante, y sus últimas 48 horas juntos (LCD Soundsystem: shut up and play the hits); una propuesta en 3D de uno de los directores más legendarios mostrando las primeras pinturas rupestres de las que se tiene registro en la historia -es decir, ya desde ahora un documento histórico y acaso el origen del arte- narrado además por él mismo (Cave of forgotten dreams); una auténtica tragedia griega sobre la vida de una joven dramaturga y sus hijas (The Arbor); y finalmente, otra maravilla en 3D, en este caso para homenajear a una de las coreógrafas y bailarinas más importantes de la danza contemporánea (Pina).

El espectro de sentimientos retratados fue tan vasto como contradictorio, pero la pregunta es ¿Para qué? Si nos encontramos en una época donde la barrera entre documental y ficción es más fina que nunca; una época donde actores representan a los protagonistas del documental y donde no-actores protagonizan películas de ficción. Los temas del documental son tan vastos como los de la ficción -porque ahora me queda claro que un documental no es una forma de protesta social, solamente- y ambas expresiones pueden resultar en verdaderas obras de arte. Entonces, ¿Por qué un director decide filmar un documental?

continuará…

¿Talento o Visión?

23 ene

Debo empezar diciendo que este post NO es una disertación acerca de lo que es el talento o de lo que es la visión. Muchas veces he escuchado que con el talento se nace y  que es un don injusto y arbitrario, así como la belleza o la ascendencia. Yo lo creía hasta antes de involucrarme en la creación artística, porque entonces comprendí que el talento natural puede existir o no, pero en todo caso, no será tan importante como la disciplina o la perseverancia, porque con éstas se puede desarrollar este talento, exista de origen o no. Lo trascendental es la visión. La visión de un creador es lo que hace que su obra brille entre un universo de cuerpos opacos y repetitivos.

He conocido a personas con gran talento para ilustrar, por ejemplo, pero no hay nada que los distinga del resto. Eso que hace que un creador emerja de la superficie, o que brille en el firmamento, es su visión particular del mundo, más que cualquier otra cosa. Hace algunos años leía sobre mi héroe, Ivan Chermayeff, y decía que si le daban a elegir entre el talento y la inteligencia, él prefería la inteligencia, porque el talento llegaba con el tiempo. Bien, yo relaciono directamente la visión con la inteligencia, porque finalmente, se trata de tener un punto de vista único y auténtico. Y para obtener ese punto de vista hay que vivir y asimilar al mundo de una forma particular, cuestionando, dudando, siendo curioso, explorando, experimentando, y también, como me decía un maestro, hay que profanar y desmitificar. Todo ello está ligado a la inteligencia. La visión está ligada a la inteligencia.

Yo agregaría que el talento llega a base de repetición, de disciplina, conforme se va adquiriendo experiencia. Es una habilidad que va creciendo en proporción al uso que le damos, mientras que la visión es una cualidad más sofisticada. No se trata sólo de repetición y disciplina, hay que agregar innovación y originalidad. Es lo mismo que decir que alguien con el paso de los años  puede desarrollar un talento para una determinada cosa, pero esa misma persona podría no haber desarollado su visión – directamente ligada a la inteligencia – y entonces el talento no tendrá importancia. En cambio, teniendo la visión, el talento llega como resultado del con trabajo constante, o como dijo Rufino Tamayo, tras “ejecutar  el oficio como un artesano”.

Así que yo también prefiero la inteligencia, porque con ella viene la visión y los grandes artistas y creativos, más que talentosos, han sido visionarios.

¿Innovación?

26 ene

Hace algunas semanas, una revista a la que estaba suscrita sacó una convocatoria para que el público enviara propuestas de portada, el tema: innovadores. Ante todo, debo decir que mis ideas no son la crítica superficial del típico diseñador que ve algo y dice “yo pude haberlo hecho mejor”. Eso siempre me ha molestado y por lo tanto, no asumo que yo pude haberlo hecho mejor, simplemente quiero ahondar en el tema como un espectador que busca analizar conceptos comunes en el quehacer creativo.

El caso es que en el último número la propuesta que resultó ganadora fue publicada en la portada y en el interior, en pequeño, las demás propuestas. Fue al verlas cuando algo me saltó inmediatamente a la vista: una total heterogeneidad. Alguien que no hubiera leído nada, no podría saber cuál era el tema que todas imágenes tenían en común.  Así que me puse a pensar, que más que representar el concepto de “innovación” lo que las propuestas muestran es un ejemplo del concepto, lo que para cada autor significa, más no la innovación en sí. Es decir, las propuestas no están dentro del concepto, sino afuera, proyectándolo a través del lente del autor, más no representando dicho concepto en sí mismas. Las obras son un punto de vista personal, no buscan comunicar algo universal. Son una interpretación más que un símbolo. Por ejemplo, cuando uno ve un corazón todos lo asociamos al amor, a los buenos sentimientos; mientras que una foto de una mujer embarazada bien podría decirnos: maternidad, alegría, esperanza, inicios, y claro, amor.  El concepto se vuelve más difuso, pierde exactitud y por lo tanto fuerza.

Bien es sabido que ya pasaron esos años dorados del diseño, cuando un diseñador representaba una idea, a través, por ejemplo, de un cartel, y cualquier persona que lo viera, sin lugar a dudas, entendía lo que quería decir. A veces incluso el texto era innecesario. Hoy los carteles son fotografías que expresan una emoción o un hecho relevante; son una parte del concepto, no el concepto mismo. Todo esto me parece importante porque una de las premisas con las que crecí – en mi carrera como diseñadora – era que el diseño debía apuntar a ser eterno y universal. Los diseñadores por supuesto, podíamos – e incluso debíamos – expresar un punto de vista personal para hacer nuestra obra única, pero este punto de vista personal debía contener el concepto universal; mas no tener un concepto universal y reducirlo a nuestro punto de vista personal. Es decir, que aparentemente ahora se trabaja a la inversa.

¿A que se debe?, ¿es realmente un retroceso o se trata de un paso más en la evolución del diseño? Podría divagar para responder estas preguntas, pero lo que realmente me interesa comunicar en este momento, es que esta nueva manera de diseñar no es algo que a mí pueda salirme bien ¿Estoy viendo las cosas de una forma anticuada y quizás cerrada? Es probable, porque, probablemente, dentro de 5 años o menos, esta forma de diseñar será lo políticamente correcto y yo seré como una de esas mujeres – ¿aún existen? – que sueñan con el hombre perfecto que las lleve  al altar; es decir, estaré desfasada con la línea del tiempo. Pero el caso es que no puedo aceptar que ahora, para comunicar “innovación” baste una textura de formas abstractas en colores primarios con efecto de volumen de Photoshop, o la fotografía de una mujer haciendo extrañas muecas, o la de un hombre con cabeza de avestruz. No, debo decir, imposible. Tal parece que voy a terminar con la idea que tengo recurrentemente en situaciones así: quizás debí nacer en otra época – que mis ídolos sean Bob Dylan, Johnny Cash, Kurosawa, Fellini, no parece muy ad hoc para estos días –, eso al menos me daría más derecho a ser una nostálgica y a rechazar lo que se hace en mi generación.

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