Debo empezar diciendo que este post NO es una disertación acerca de lo que es el talento o de lo que es la visión. Muchas veces he escuchado que con el talento se nace y que es un don injusto y arbitrario, así como la belleza o la ascendencia. Yo lo creía hasta antes de involucrarme en la creación artística, porque entonces comprendí que el talento natural puede existir o no, pero en todo caso, no será tan importante como la disciplina o la perseverancia, porque con éstas se puede desarrollar este talento, exista de origen o no. Lo trascendental es la visión. La visión de un creador es lo que hace que su obra brille entre un universo de cuerpos opacos y repetitivos.
He conocido a personas con gran talento para ilustrar, por ejemplo, pero no hay nada que los distinga del resto. Eso que hace que un creador emerja de la superficie, o que brille en el firmamento, es su visión particular del mundo, más que cualquier otra cosa. Hace algunos años leía sobre mi héroe, Ivan Chermayeff, y decía que si le daban a elegir entre el talento y la inteligencia, él prefería la inteligencia, porque el talento llegaba con el tiempo. Bien, yo relaciono directamente la visión con la inteligencia, porque finalmente, se trata de tener un punto de vista único y auténtico. Y para obtener ese punto de vista hay que vivir y asimilar al mundo de una forma particular, cuestionando, dudando, siendo curioso, explorando, experimentando, y también, como me decía un maestro, hay que profanar y desmitificar. Todo ello está ligado a la inteligencia. La visión está ligada a la inteligencia.
Yo agregaría que el talento llega a base de repetición, de disciplina, conforme se va adquiriendo experiencia. Es una habilidad que va creciendo en proporción al uso que le damos, mientras que la visión es una cualidad más sofisticada. No se trata sólo de repetición y disciplina, hay que agregar innovación y originalidad. Es lo mismo que decir que alguien con el paso de los años puede desarrollar un talento para una determinada cosa, pero esa misma persona podría no haber desarollado su visión – directamente ligada a la inteligencia – y entonces el talento no tendrá importancia. En cambio, teniendo la visión, el talento llega como resultado del con trabajo constante, o como dijo Rufino Tamayo, tras “ejecutar el oficio como un artesano”.
Así que yo también prefiero la inteligencia, porque con ella viene la visión y los grandes artistas y creativos, más que talentosos, han sido visionarios.