Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Arcade Fire en México

Conocí a Arcade Fire hace apenas 2 años. Era inevitable llegar tarde o temprano a ellos, por lo demás, considerando mi amor por la música. Neon Bible fue el primer disco que compré, siguiendo la recomendación de dos publicaciones, dignas de respeto, que coincidían en que era un gran disco. No fue que la banda me hiciera “click” de inmediato, como me ha pasado en otras ocasiones, pero tras escuchar el disco varias veces, finalmente algo se abrió en mi interior. Era un espacio que había permanecido cerrado y que la música de Arcade Fire abrió, permitiéndome explorar nuevos horizontes musicales. De ahí en adelante, cada vez que escuchaba Neon Bible, algo volvía a vibrar en mí y si a eso agrego que pasaba por un momento particularmente complicado, Neon Bible fue el soundtrack de ese episiodio de mi vida y cuando lo escuchaba algo que encajaba a la perfección hacía click, como hecho a la medida. Así empezó todo.

Para el momento en que compré Funeral ya era fan hasta el tuétano. A finales de julio de este año me enteré que vendrían a Mexico, y como me pasa siempre que algún suceso entrañable y emocionante ocurre o está por ocurrir, no sentí nada, fue una sensación neutral, porque era algo que ya formaba parte de mí, que había vivido en mi mente, así que cuando pasa a formar parte de la realidad, es sólo un cambio de lugar; no es una sorpresa, pues. Sólo puedo decir que a partir de ahí, no había día en que no pensara en el momento en que finalmente escucharía a mi banda favorita en vivo. A principios de agosto tuve una vista previa de lo que viviría, al ver la transmisión en vivo, vía internet, de su concierto en el Madison Square Garden, dirigida por Terry Gilliam, y me sentí eufórica.

Finalmente llegó el 13 de octubre. Hice mi viaje al D.F. por la tarde, aproveché para ver una película en la Cineteca Nacional y de ahí, partí hacia el Palacio de los Deportes. Desde que salí del metro, la atmósfera que me envolvía era de magia (y de revendedores, cabe decir); me costaba creer que había llegado el momento en que Arcade Fire se presentaría por primera vez en México y yo sería uno de los miles de afortunados espectadores. Ignoro que porcentaje de los presentes eran fans y que porcentaje eran curiosos que querían ver de qué se trataba toda esa furia por la banda; así como el porcentaje, aunque debía ser el menor, de gente a la que no le importaba en lo más mínimo ser partícipes de ese evento y sólo estaban ahí por acompañar a alguien. No tiene importancia porque pronto aquellas barreras clasificatorias desaparecieron, todos fuimos uno, un sólo auditorio eufórico y conmovido por la extraordinaria actuación de la mejor banda de los últimos tiempos. Al salir de ahí, el 100% eran fans, estoy segura.

Desde los primeros acordes de Ready to Start, entré en trance y hasta el momento en que salí del Palacio de los Deportes, entre el mar de gente y las expresiones de fascinación, mi emoción era tan latente que casi podía sentirla físicamente. Se encontraba alojada en algún lugar entre la consciencia y el alma y me acompañaría por siempre. Fue una noche mágica, fascinante, entrañable, que habría deseado se prolongara un poco más, que tocaran todas sus canciones – pues se encuentran en un punto en que eso aún es posible, dado que son una banda joven – que me he aprendido a lo largo de 2 años. Pero como sea fue un concierto perfecto, donde demostraron que son grandes músicos y artistas en toda la extensión de la palabra. Estar ahí fue un placer y me parece genial que los mexicanos hayamos tenido acceso a un show de tal calidad, porque en otro tiempo habría pensado que presenciar algo así sería un privilegio de pocos – los que pueden viajar fuera del país a ver a su banda favorita – , mas en esta ocasión, lo tuvimos a unos pasos, a unos kilómetros, o en mi caso, a un par de horas de viaje.

Y para concluir, algunas afirmaciones: es el mejor concierto en el que he estado en mi vida; salí enamorada de Win Butler; y aún no puedo escuchar un disco de Arcade Fire; lo llamo Síndrome Post-Concierto, demasiada emoción, y así como las heridas se reavivan al recordar un suceso o al volver a ver al objeto de nuestro dolor, mi emoción se reaviva al escuchar los primeros acordes de cualquier canción de la banda y no lo puedo soportar, aún.

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Un comentario el “Arcade Fire en México

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Esta entrada fue publicada en 18 octubre 2010 por en arte, música y etiquetada con , , .