Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

La música y yo

Creo que todo empezó con la primera recomendación a la que hice caso: el Odelay de Beck. La recomendación no vino de un hermano mayor o del tío o primo conocedor que todos tienen, sencillamente porque yo no tengo ni uno ni otro, sino de la revista que marcó mi adolescencia (Eres) y que cada semestre sacaba una recopilación de los mejores discos. Todo lo que decía la reseña era tan positivo, tan halagador, pintaba una obra tan brillante, tan redonda, tan imprescindible, que tuve que comprarlo. Y no voy a decir que a mis trece años lo asimilé de inmediato, pero tras escucharlo un par de veces, empecé a sentir algo extraño: tuve la sensación de que la música que salía de ese CD yo ya la había escuchado antes, mucho antes, que la tenía grabada en mi interior desde siempre y al escucharla la identifiqué y recordé todo. Empatía se podría llamar. Para mí se convirtió en idolatría, y a Beck lo amé muy pronto y desde entonces.

Pero en realidad todo empezó porque llegó un momento en el que quise conocer más, un momento en que Bronco – sí, Bronco – dejó de llenar mi corazón y entonces empecé mi propia búsqueda, como quien tiene un viaje iniciático, hacia rumbos desconocidos e inimaginables, de verdad. Así seguí haciendo caso a recomendaciones que para mí eran respetables porque no las decía un pseudo-conocedor – con los que lamentablemente me he topado con frecuencia en la vida – sino gente que sabía de lo que hablaba. El siguiente ídolo fue David Bowie, a quien conocí con Heathen, esta vez gracias a La Mosca en la Pared, que se volvió mi mapa de viaje cuando Eres, o se volvió una basura, o yo crecí y dejé de identificarme, o más probablemente, ambas cosas.

Mis gustos musicales no son como una herencia que un familiar deja o como una costumbre de familia, son personajes con los que me he ido topando en aquel viaje que emprendí cuando tenía trece años y que sigue y en realidad no se termina nunca. Luego vinieron otros personajes: Bob Dylan – a quien escuché por primera vez cuando tocó en los Oscares; Johnny Cash, Tom Waits, Nick Cave. Este último, tema aparte, porque he llegado a amarlo casi tanto como a Beck, o quizás igual sólo que de diferente manera, y así como muchos libros hablan de otros libros, muchos músicos me han llevado a otros músicos y Nick Cave me llevó a Leonard Cohen y Beck me llevó a Elliott Smith y David Bowie a TV On The Radio y así otros casos similares. Luego “Recommendations for You” de Amazon me llevó a The Black Keys, The Dead Weather, The XX, entre otros, y una presentadora de CNN me hizo conocer a Jamie Cullum y gracias a él me interesó el jazz en general. Y así, los caminos son extraños e inesperados, pero siempre fascinantes. Últimamente tengo fiebre por Arcade Fire y sé que cuando la fiebre pase van a quedar en mi secuelas que durarán por siempre.

Así que yo no sería la misma si no hubiera comprado Odelay, porque ese disco – y en especial, The New Pollution – abrió una puerta hacia un camino, sino infinito, al menos sin final aparente, donde transito con enorme placer y fascinación. Cada etapa de mi vida tiene un soundtrack particular y podría reescribirlas todas con tan sólo escuchar la música. Y como amo la música nunca he comprando un CD pirata ni lo he robado de la web, y soy de los que se alegraron porque iTunes llegó a México y nos dio la posibilidad de comprar canciones por separado (cuando el disco entero no es muy bueno). Por lo demás, no sé cuando vaya a cambiar al formato digital. Por ahora me parece una barbaridad, pero sé que llegará el día en que me parecerá lo más natural y entonces lo haré, porque tampoco quiero parecer como uno de esos nostágicos que cree que lo que hubo en su tiempo siempre es mejor que lo que hay ahora. Por el momento sigo comprando CD’s y la colección va aumentando – en estos días por ejemplo, estoy a la espera de que lleguen Murder Ballads de Nick Cave & The Bad Seeds, Jarvis de Jarvis Cocker y Brothers de The Black Keys – a un ritmo lento pero constante y me siento muy orgullosa de ella (y al igual que mis libros, la música es una maravillosa compañía).

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Un comentario el “La música y yo

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Esta entrada fue publicada en 6 febrero 2011 por en música y etiquetada con , , .
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