Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Diseñador de alto rendimiento

En un mundo ideal, a ti diseñador, un cliente ideal (es decir, abierto, consciente de que no cualquiera puede diseñar, dispuesto a pagar el precio justo por el resultado) te solicita un proyecto. Te da un brief con todo lo necesario para arrancar (porque comprende, porque se lo has dicho de primera instancia, que el diseño empieza con la información) y te pide TU plan de trabajo, en el que vas a contemplar el tiempo necesario que te va a llevar el proceso de diseño en cada una de sus fases.

Esto, por supuesto, no sucede en el mundo real. Mientras más pasa el tiempo, más lo reafirmo, sin importar  de qué cliente se trate. Ese proceso creativo que aprendimos teóricamente difícilmente puede ser llevado a la práctica, y nos encontramos ante la necesidad de una alternativa que contemple las circunstancias adversas como factor permanente, sin dejar de lado la apuesta por el buen diseño. La primera conclusión a la que llegado es que la clave radica en adquirir práctica y acostumbrarse a este “estilo de vida”, para generar ideas y ejecutarlas de la mejor manera posible en el menor tiempo posible.

Es muy parecido al deporte, a mayor entrenamiento, mejor desempeño. Aunque un deportista se esté preparando para un evento en particular su entrenamiento es constante, y aún cuando no está entrenando, su estilo de vida, todo está enmarcado dentro de un régimen creado con el fin de mantenerlo en condiciones óptimas para alcanzar sus objetivos. Nuestra preparación como diseñadores es muy similar.

Entrenamiento. Ser diseñador no es una profesión sino una forma de vida, no puede ser visto de otra manera si buscamos estar entre los mejores. Así que el entrenamiento deber ser constante y permanente, y por entrenamiento me refiero a todo aquello que haga trabajar los “músculos” que intervienen en el proceso creativo. Afinar nuestra visión, practicar para dominar las herramientas, perfeccionar nuestra técnica y estilo para que el trabajo quede bien a la primera, etc. Y esto sin importar si hay o no una “competencia” próxima.

Alimentación saludable. El alimento del diseñador es prácticamente todo aquello que nuestra mente es capaz de asimilar. Desde una espectacular en la calle hasta una buena película. Y como somos lo que comemos, hay que ser conscientes de lo que nuestros sentidos “ingieren”. Finalmente, todos estos estímulos a los que estamos expuestos pasan a ser parte de nuestro bagaje cultural, que es la materia prima de todo proyecto de diseño.

Trabajo duro. Un diseñador debe estar habituado a pasar noches sin dormir y estar disponible a primera hora de la mañana siguiente para presentar un proyecto. No es fácil, yo varias veces -cada vez menos porque me voy habituando- habría pagado porque se me permitiera quedarme en la cama en vez de levantarme y seguir con la rutina ajetreada e intensa de cada día. Pero este pensamiento dura unos instantes, porque una vez levantada, sé que me espera un día de novedades y retos para mi creatividad, y no hay nada más estimulante. El trabajo duro siempre trae recompensas.

Objetivos claros y sólidos. Estamos rodeados de distracciones. Desde la conexión permanente a Internet hasta una salida con amigos. Pero un deportista no puede sencillamente romper su rutina de entrenamiento porque es el cumpleaños de la novia de su primo. Y la gente a su alrededor lo entiende. Es lo mismo con los diseñadores, nada deber estar por encima de nuestro objetivo. Esto no significa dejar de lado la vida social, pero sí darle prioridad a las cosas que nos llevarán a ser lo que buscamos ser.

Disciplina. Para que todo lo anterior fructifique, el ingrediente elemental es la disciplina, sobre todo si tenemos proyectos personales, alternos a los del lugar de trabajo. Es muy fácil distrarse, dejar de lado alguna tarea – sobre todo si es autoimpuesta – o conformarnos con simplemente cumplir con el trabajo. Pero para ser un diseñador del alto rendimiento es fundamental ser disciplinado y sensato, para mantener los hábitos y lograr que formen parte de nuestra vida diaria.

Una vez convertidos en disenadores de alto rendimiento, salir a hacer frente a un día nuevo -con peticiones ridículas, tiempos de entrega irreales, ignorancia, mentes cerradas- nuestra resistencia y tolerancia crecen y nuestro proceso creativo es más fluido y veloz.

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Esta entrada fue publicada en 10 septiembre 2011 por en creatividad, diseño, ideas y etiquetada con , , , , .
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