Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Cuando feo es igual a bueno

Hace algunos meses fui a comer a un mercado, donde uno se sienta en bancas largas y hay una sola mesa de cemento con mantel kitsch. Justo enfrente había un local donde vendían productos naturistas y mientras llegaba la comida me entretuve viendo los productos, no porque me interesaran sino porque verlos era inevitable. Ahí tuve una revelación: mientras más feo -o de plano inexistente- sea el diseño de un producto naturista, más confianza le tiene la gente y por lo general no se equivocan pues resulta de buena calidad. Mi abuela solía tener un arsenal de pomadas de este tipo que yo en mi infancia veía como auténticos -y preciados- bálsamos milagrosos.

Aquí más que en ningún otro giro de negocio es evidente que muchas veces el buen diseño no es sinónimo de buena calidad. De hecho es justo lo contrario. Cuando las grandes compañías cosméticas nos venden el equivalente a la pomada en tarrito de plástico con etiqueta impresa a 1 tinta y diseñada por Dios Sabe Quién, el efecto no es el mismo. El diseño elegante -obra de una agencia gigantesca, generalmente-, en tarro de vidrio, con etiqueta impresa en flexografía a 8 tintas y dentro de una caja con logos en relieve y barniz mate, no es suficiente; la efectividad del contenido del tarro de vidrio no iguala a la del tarro de plástico. Sin publicidad y sin invertir, literalmente, un peso por su diseño de envase o de identidad, los productores de pomadas, tés, lociones, ungüentos y demás, tienen colocados sus productos en cada mercado del país y cuentan con una clientela de lo más leal.

Así que mi punto es, el diseño es sumamente importante, pero lo más importante es la calidad de lo que vendemos. El cliente puede comprar nuestro producto una vez, “porque la botella está bonita” o “porque los colores están llamativos”, pero si no le sirve no repetirá la compra y seguirá prefiriendo la botella de plástico sin etiqueta, porque, después de todo, el envase termina en la basura. En realidad no nos interesa llegar con uno de estos comerciantes y venderle “buen diseño” sencillamente porque no lo necesita y, por irónico que suene, podría perjudicar la percepción de la gente hacia sus productos. Hoy en día, estas etiquetas, cajas y envolturas son referencia obligada en la gráfica popular mexicana, lo kitsch por antonomasia y hasta fuente de inspiración.

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Esta entrada fue publicada en 12 noviembre 2011 por en creatividad, diseño, ideas y etiquetada con , , , , , , .
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