Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

El árbol de la vida

Los eternos dilemas del ser humano -el amor, la bondad, el respeto, la culpa- cobran vida y un nuevo significado cuando nos los presentan a través de los ojos de un niño, de un joven, de una madre; entrelazados con el dilema más antiguo de todos: el origen del universo y de la vida en la Tierra. ¿Cómo se logra que temas tan distantes adquieran cohesión? Terrence Malick lo hace a través de una mirada dirigida a lo más elemental del ser humano y de la naturaleza, no narrando una historia sino mostrando momentos y evocando sensaciones. Es ahí cuando nos damos cuenta que en realidad no hay tanta distancia entre la frustración de un niño provocada por la relación con su padre y la lucha de un dinosaurio por la supervivencia en una tierra hostil y lejana, cuando miramos hacia lo más profundo y elemental.

El árbol de la vida es una película inusual. Es una bella colección de momentos y sensaciones, más que una historia con un inicio, un clímax y un final. Estéticamente impactante, su narrativa es, por lo menos, original. Ahora bien, comprendo que las opiniones sobre esta película se encuentren tan dividas. Y es que cuando se tocan temas tan elementales y universales el espectro narrativo es amplísimo y la cohesión, y por consiguiente el interés del espectador, por momentos se pierden. No es que a la película le falte un enfoque, el problema es que aún teniéndolo es muy amplio y llega un momento en que sencillamente ya no interesa. No es para todo público, como lo pude comprobar en el cine, por las personas que se salieron de la sala durante la función.

Fuera de eso, El árbol de la vida definitivamente merece ser vista, y que cada uno se forme su opinión de ella. Malick nos da una perspectiva sobre la naturaleza y la vida y para ello se vale de una narrativa cargada de poesía visual, más cercana a la pintura que al cine. En éste nos han contado tantas historias sobre familias fracturadas, padres autoritarios y niños que crecen con miedo y rencor, que ya era tiempo de reinventarla. El director lo hace y su visión nos transporta hasta el origen mismo de la vida. ¿Muy ambicioso? Quizás; ¿fracasa? No, en lo absoluto.

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Esta entrada fue publicada en 11 diciembre 2011 por en cine, ideas y etiquetada con , , , , , .
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