Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Gracia de antaño

Por alguna razón, las películas mudas siempre me ponen de buenas. Quizás, ahora que lo pienso, la clave de mi fascinación por este cine de antaño reside en la inocencia, que trae consigo una gracia y elegancia naturales, detonantes de la alegría y el buen humor. En los albores del cine, cuando todo era nuevo, los que se involucraban en la industria no sabían bien en qué se estaban metiendo, pero esas imágenes en movimiento proyectadas en las pantallas de los teatros provocaban una fascinación difícil de resistir. De pronto todos quisieron ser parte de esa magia. Luego, como sucede al paso ineludible del tiempo, la magia fue disminuyendo y hoy la inocencia -y por consiguiente la gracia y la elegancia- es cada vez más escasa.

Este año, en esta temporada pre-Oscar, dos producciones rinden homenaje a aquella época dorada y retratan con gran fortuna esa gracia y el amor al cine: La invención de Hugo Cabret y El Artista. De la primera ya hablé aquí hace unas semanas. La segunda es un homenaje a aquel cine mudo del que hablaba al principio, fotografiada, por supuesto, en blanco y negro y con una dirección de arte y vestuario que nos transporta a aquellos maravillosos años 20 y 30. La trama es muy sencilla: una estrella del cine mudo ve derrumbarse su mundo cuando se da la transición al cine sonoro, mientras una joven llegada a la industria por un golpe del destino -por él- se eleva como la espuma y se convierte en la nueva estrella.

La película carece de diálogos, una gran oportunidad para cualquier actor de mostrar que es un verdadero artista, así como el protagonista de la historia. Y es que estamos acostumbrados a comprender una película por la interacción verbal de los actores, olvidamos que hace 100 años tal interacción no existía -al menos no podíamos oírla- y los actores debían comunicar con su cuerpo, con su expresión facial. En una escena, a esta nueva estrella le preguntan a qué atribuye su éxito y popularidad entre el público, ella responde que tal vez sea porque ahora pueden oírla, porque la gente está cansada de los actores que exageran para que puedan entenderles. Hoy podemos decir que estamos cansados de los actores que no tienen la más mínima expresión facial y cuya actuación, de no ser por los diálogos, nos sería totalmente incomprensible. Así que, El Artista es una de esas cintas imperdibles que hay que aprovechar en cartelera e ir a ver cuanto antes.

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2 comentarios el “Gracia de antaño

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Esta entrada fue publicada en 19 febrero 2012 por en arte, cine y etiquetada con , , , .
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