Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Shame

Hoy, domingo, di una prueba más de mi amor al cine. Fui a meterme al centro comercial por la tarde, que es como decir que fui a un balneario en Sábado de Gloria. Tuve que hacerlo porque fue el único día que me quedó libre esta semana y era mi última oportunidad para ver Shame. La película está empezando su segunda y última semana de exhibición en una ciudad donde la gente ni se entera que la Muestra Internacional de la Cineteca está de gira y donde 4 de cada 5 que entran a ver Shame lo hacen porque quedaron de “ir al cine” y al llegar ésta es la película más próxima en el horario, es decir, por casualidad, por accidente.

Me reí de antemano de los momentos incómodos que iban a pasar las familias completas que entraron a la sala. Padres fingiendo demencia ante sus hijos y viceversa, mientras el sexo explícito inundaba la pantalla. Fue una especie de venganza de mi parte, por tener que soportar a uno de mis personajes más detestados de las salas de cine: la novia insulsa. Y es que verdaderamente deseaba que le cayera un rayo cada vez que soltaba una expresión corriente y por demás innecesaria, como: “¡Ay no, no es cierto!” o “¡No por favor!” Pero el colmo fue cuando, viendo a Carey Mulligan tirada en el baño, con las muñecas extendidas e inundada en su propia sangre, preguntó: “¿Se suicidó, se suicidó?”, en repetidas ocasiones. Todo esto viene al caso porque es una pena la falta de criterio cinematográfico, y es algo a lo que no me acostumbro, aunque tengo casi 10 años viviéndolo. Pena, pena.

Pero la pena de la película es de otro tipo, mucho más profunda y peligrosa. De repente se me ocurrió que quizás Steve McQueen busca hacer un diccionario audiovisual de las sensaciones y emociones. Hunger, Shame. Una serie, donde el punto en común sea llevar a sus personajes al extremo, con el cuerpo como medio. No haré una reseña de la película porque ya debe haber muchas y yo sólo puedo agregar, sencillamente, que es excelente, de lo mejor que he visto en el último año y estoy convencida de que la dupla McQueen-Fassbender, de continuar, se va a volver un referente obligado del cine contemporáneo. Michael Fassbender es tan buen actor que en Hunger ni siquiera me di cuenta de lo guapo y sexy que era. En Shame en cambio, es evidente, aunque la empatía con el personaje no nos surge por esos motivos. Surge porque Steve McQueen nos pinta un retrato por demás humano y honesto, sin concesiones, de las adicciones, de la autodestrucción y de la soledad, impecablemente interpretado por unos de los mejores actores de los que se puede valer un director hoy en día.

¿Es Steve McQueen el director de las sensaciones? En la sala sentí náusea por la tipa detrás de mí y pena su novio. Y por el deseo y admiración que me despertó Michael Fassbender, yo diría que sí, lo es y espero ansiosa su próxima entrega.

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2 comentarios el “Shame

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Esta entrada fue publicada en 25 marzo 2012 por en cine, ideas y etiquetada con , , , , , .
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