Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Créditos de cine o el arte de evocar.

En los últimos años ha resurgido actualizada la tendencia de dotar a las películas de una secuencia de títulos al inicio y/o al final, mejor conocidos como créditos. Habían pasado  alrededor de 30 años durante los cuales estas secuencias se relegaron cada vez más, hasta llegar a ser por completo inexistentes; no más que tipografía informativa. Woddy Allen por ejemplo, no sólo abre siempre sus películas con tipografía blanca sobre fondo negro -con los nombres en estricto orden de aparición- sino que además usa la misma fuente tipográfica y la única transición que hay entre los spots y trailers previos y la película es este fondo negro y jazz como música ambiental. Esto ejemplifica muy bien la tendencia precedente; acaso los directores consideraban las secuencias de títulos superfluas e innecesarias, sobre todo si tomamos en cuenta la crisis artística por la cual atravesó el cine hollywoodense en las décadas de los 80´s y 90´s -y en la cual, aclaro, Woody Allen no tiene que ver-. Porque, ¿Cómo y para qué hacer una secuencia de títulos de una película de pobre argumento y pésimas actuaciones? Simplemente la historia no daba para eso.

De un tiempo para acá, en gran medida gracias al auge del arte digital, esta situación cambió, y los cineastas voltearon a ver el trabajo de animadores freelance, herederos de la escuela legada por Saul Bass -figura emblemática en esta materia, quien verdaderamente construyó un nuevo camino de exploración gráfica donde no existía-, quienes han mostrado claramente que los créditos no son superfluos ni accesorios; sino una manera de interpretar gráficamente la película, de forma artística, en oposición al póster o al tráiler que hoy son básicamente vehículos de comercialización. Porque la película se interpreta sonoramente a través del score, pero el espacio para lo visual estaba absorbido por pósters que no son más que retratos de los actores y tráilers que buscan generar expectación pero que casi siempre nos cuentan de más.

Los créditos son una presentación de la película, pero a diferencia de los medios anteriores, que son meramente narrativos e informativos, las secuencias de títulos se valen de metáforas, comunican a través de signos y símbolos; no son descriptivos sino evocativos; no cuentan algo, lo dan a entender; permiten explorar la historia que está a punto de ser vista con libertad creativa, porque, después de todo, no hay presión por vender, el espectador ya está en la sala de cine para ver la película. Los créditos son la transición entre lo ajeno a la película -plazas comerciales llenas de gente, filas en taquilla, infinitos minutos de spots y tráilers, etc.- y la película misma que deseamos ver y que tiene un mensaje particular que contarnos. Así pues, esa corta secuencia hace que dicha transición sea más fluida y natural, nos prepara por medio de evocaciones y sensaciones.

Hoy los créditos cinematográficos viven un nuevo apogeo. Películas como Stranger than fiction (en el video), Sherlock Holmes, y más recientemente The girl with the dragon tattoo, son un claro ejemplo de que estamos ante una nueva etapa, donde los créditos importan y la gente se espera a que terminen para salir de la sala.

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Esta entrada fue publicada en 1 julio 2012 por en cine, creatividad, diseño y etiquetada con , , , , .
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