Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Para ir al cine

cine

 

Mientras escribía mi post anterior pensaba en las experiencias colaterales que he vivido en el cine. Más allá de la película por sí misma, el hecho de ir al cine tiene una serie de implicaciones y para salir bien librada, con el paso del tiempo he llegado a conformar un ritual que procuro seguir siempre:

Salvo rarísimas excepciones, prefiero ir al cine sola, porque para mí el cine es una experiencia más parecida a la lectura o a la meditación que a la salida con amigos. Requiero de soledad para poder asimilar y reflexionar.

Además no me imagino con alguien al lado viendo, digamos, Shame y no habría soportado que alguien me preguntara, “¿Qué opinas, te gustó?”, a la salida de Once upon a time in Anatolia, por ejemplo.

Raramente como algo en el cine, y jamás es algo comprado ahí (los precios son literalmente un robo). La razón es simple: voy a disfrutar de una película y para eso tengo que enfocarme al 100% en lo que estoy viendo y escuchando, así que prefiero no realizar ninguna otra actividad.

Para mí el cine es algo serio. No voy para pasar el rato o porque no tengo algo más que hacer. Voy porque hay una historia que por alguna razón ha llamado mi atención y quiero conocerla y formarme una opinión. El cine es entretenimiento, pero es mucho más y para ser capaz de percibir esos matices es necesario tener visión, que se forma con el paso del tiempo por medio de un juicio crítico. Claro que podría aceptar cualquier invitación para ver el último blockbuster porque “es cine gratis”, como me dijo una amiga, pero entonces todo lo que he escrito líneas arriba perdería sentido.

He aprendido que mientras más temprano sea la función habrá menos gente, así que rara vez voy al cine después de las 2 de la tarde.

Y sólo cuando he agotado todas las posibilidades y no me queda opción, voy el domingo por la tarde, que es, sencillamente, el peor día para ir al cine. Una auténtica pesadilla, entre familias que hacen su picnic dominical dentro de la sala, señoras ninis que por mera coincidencia caen en la misma función a la que yo entro, fanáticas de Twilight que hacen todo juntas, parejas de post-adolescentes que celebran aniversarios de mes, entre otros especímenes que se encuentran ahí por razones de lo más diversas, ninguna de ellas disfrutar la película.

No soporto que alguien juzgue una película mala como buena, simplemente porque le gustó. Los gustos y la calidad son dos conceptos separados.

Regla de oro: si estas revisando la cartelera por Internet y el nombre de una película te suena ridículo y ordinario, entra a ver el póster y la sinopsis; seguramente es la película independiente que esperabas y han destrozado su título en la traducción. O es la última telenovela mexicana hecha película en donde invariablemente aparecerá Jaime Camil, Ana Serradilla o Ana Claudia Talancón. Si es el segundo caso, cierra de inmediato la ventana y borra todo indicio de que entraste.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada en 11 febrero 2013 por en cine, cultura, ideas y etiquetada con , .
A %d blogueros les gusta esto: