Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Nick Cave, crónica y memorias. Parte II

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El lunes salí 2 horas antes de la cita en el Museo de Chopo, para tener uno de los primeros lugares. Llegué en el momento ideal: me tocó estar en la primera fila al centro. Luego de unos minutos de retraso, poco después de las 12:00 p.m. salieron los entrevistadores seguidos de Nick, vestido impecabablemente con un traje negro y camisa blanca. Y como me pasa siempre que vivo un momento extraordinario con alguna persona que admiro profundamente, no sentí nada. Mi teoría es que son momentos que he imaginado y/o soñado con tanta vehemencia y frecuencia, que el momento en que “realmente” suceden, mi cerebro lo registra como una repetición… o bien bloquea las sensaciones para evitar que yo muera de un paro cardíaco. En todo caso, no sentir nada es señal de que estoy viviendo algo literalmente increíble. NC es exactamente como se ve en las fotos: muy alto y delgado, con un estilo elegante, sobrio y varonil, usa joyería que hace pensar en un sacerdote corrupto, tiene ojos azules, sonrisa amenamente sarcástica y una nariz perfecta.

Lo mejor de la plática fue la interacción con el público, pues los presentadores por su parte jamás lograron conectarse con él, aunque se notó el esfuerzo y la buena intención. Además, sin importar cuán estúpida o fuera de lugar estuviera la pregunta/comentario -hubo quien creyo que él y Nick Cave, el artista plástico, eran la misma persona, por ejemplo- él respondió con buen humor, le dio la vuelta a fin de responder algo relevante e inteligente y siempre salió airoso, aplicando un toque de sarcasmo al final de cada intervención. Aquí hay un resumen de lo mejor de esta plática (por cierto, yo hice la pregunta de si estaba trabajando en algún proyecto literario). Yo agregaré que uno de sus primeros comentarios fue que si se encuentra trabajando en algo nuevo y se siente cómodo, es señal de que está repitiendo algo del pasado, en cambio si siente ansiedad significa que va por buen camino, porque está probando algo nuevo. Excelente consejo para cualquier creativo. Y también salí con una recomendación literaria: la poesía de Frederick Siedel, de la que se declaró gran  admirador.

Salí de ahí feliz, inspirada y con una fe renovada en la humanidad. Y para aprovechar el día fui a ver Amour, así que de ahora en adelante siempre relacionaré a NC con Amour, de Haneke, porque con el amor en general ya lo relacionaba hace mucho. Al salir la tarde era hermosa, yo fui a cambiar mi outfit de “tarde de primavera” a “concierto de rock” y salí hacia El Plaza Condesa. Me fui en metrobus y como era de esperarse me perdí, y aunque no fue nada grave, cada vez confío menos en Google Maps. El lugar apenas empezaba a llenarse, pero mi espera fue menos larga cuando una chica acompañada de su novio se acercó a platicar conmigo. Sonaba I’m new here de Gil Scott-Heron y me preguntó si sabía quién cantaba. Se lo dije y empezamos a hablar de nuestros gustos musicales y por supuesto, de NC. Definitivamente, los fans de Nick son los que mejor me caen, con todo y que abundaron los que jamás se quitaron de enfrente el teléfono o la cámara fotográfica, pero parece que eso ya es inevitable con cualquier concierto (mi desprecio por esta práctica da para otro post).

Yo iba preparada para que empezara mucho después y con banda abridora precediéndolos, pero afortunadamente no hubo ni retraso ni banda y cuando menos lo esperaba salió Nick Cave and The Bad Seeds. El lugar fue ideal por el tamaño, pude estar a escasos metros sin mucho esfuerzo. Mis momentos favoritos:  Jubilee Street y Stagger Lee. La potencia de la banda en toda su expresión siempre estuvo presente y pudimos comprobar lo que Nick había dicho horas antes sin ninguna falsa humildad: que él es esencialmente un compositor pero que no sería nada sin la banda que lo respalda. Compositor y un impresionante showman, nos tuvo en su mano desde los primeros acordes de We No Who UR, primer sencillo del último disco y primera canción de la noche. Esta vez hasta su camisa era negra, fue un oscuro encantador que con sus ya clásicos movimientos nos mantuvo hipnotizados, encantados.

La hora y media que duró el concierto fue muy poco para todos los que llevábamos años esperando por ese momento, pero la experiencia permanecerá por mucho tiempo. Yo por ahora sigo con el Síndrome Post-Concierto, cuyo principal síntoma es la imposibilidad de escuchar  la música de NC, pues es un detonador de ansiedad muy poderoso. Por lo demás, mi amor y admiración crecen con más velocidad que nunca.

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3 comentarios el “Nick Cave, crónica y memorias. Parte II

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Esta entrada fue publicada en 22 febrero 2013 por en inspiración, música y etiquetada con , , , .
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