Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Quien no conoce su historia…

Fui a la universidad durante una época de transición, de los trabajos hechos a mano al uso masivo de la computadora. Esto significa que tuve que lastimar mis manos recortando círculos iguales de pliegos de papel infinitos, mientras por otro lado, aprendía a diseñar con un software en una computadora, algo que por lo demás no sucedió hasta que empecé a trabajar. Pero la transición entre el diseño tradicional y el digital, por nombrarlos de alguna forma, implicó mucho más que eso. A mi generación todavía le tocó aprender de la obra de los grandes diseñadores del siglo XX a la par que con las más austeras herramientas técnicas los profesores intentaban enseñarnos a hacer una página web por medio de plantillas y tablas. Hoy sé que esta es la peor manera de hacer web -bueno, la segunda peor, la primera es hacerlo en Flash- y en cuestiones técnicas salí de la universidad sabiendo prácticamente nada, pero de lo que sí aprendí fue de la teoría, de la historia.

Jan Tschichold. Póster de la película Die Frau ohne Namen, 1927

Jan Tschichold. Póster de la película Die Frau ohne Namen, 1927

Hoy, probablemente 1 de cada 1.5 diseñadores respondería Steve Jobs a la pregunta de ¿Quién es tu héroe del diseño? Porque para las generaciones de hoy lo único importante es tener la última Mac con la última versión de la Adobe Suite. Nada más. El 0.5 restante no sabría que responder a la pregunta. No conozco a nadie menor de 25 años que sepa quién es Saul Bass. Debe haberlos, por supuesto, pero cada vez son más escasos. A propósito de Saul Bass y de su aniversario, hace poco Google le hizo un homenaje en su Doodle; a todos en la oficina les encantó, pero todos tuvieron que valerse del mismo Google para saber quién era el homenajeado. Y por todos me refiero a compañeros diseñadores.

¿Podría un aspirante a escritor considerarse tal sin haber leído a Shakespeare?, ¿Podría permitirse ignorar la existencia de Dostoiewski, de Joyce, de Faulkner? ¿Entonces por qué un diseñador sí puede darse el lujo de ignorar la existencia de Bass, de Rand, de Vignelli?

Escribo todo esto porque me preocupa el rumbo que está tomando el diseño, porque las nuevas generaciones son “hábiles tecnológicamente pero con lagunas de conocimiento”, como las definía Ivan Chermayeff ya hace más de 7 años. Las herramientas tecnológicas han potenciado nuestro trabajo como nunca antes en la historia del diseño, pero también nos han quitado la obligación y la necesidad de conocer más allá de lo que tenemos a nuestro alcance inmediato.

Somos más hábiles pero también más ignorantes y en este caso, el dicho con el que titulo este post termina al revés: quién no conoce su historia, NO está condenado a repertirla.  No está condenado a ser un nuevo Milton Glaser, no está condenado a crear un logo eterno como el de IBM o un póster reproducido hasta el infinito como el de Anatomy of a Murder. Está condenado a vivir en la ignorancia y a ser un creador de obras atractivas pero desechables.¿Quién creará los nuevos clásicos?, ¿Quién será el héroe de las futuras generaciones? El de las mejores herramientas, no el de las mejores ideas, me temo.

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