Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Crónica del estío

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Sé que es verano no sólo porque llueve cada tarde y el camino de la parada del camión a la puerta de mi casa es como una travesía sobre aguas pantanosas, no literalmente sino por su efecto, pues ando con cautela y sin mirar abajo por temor a enfrentar mi fobia hacia ciertos anfibios que suelen aparecer durante esta época. Sé que es verano porque pasan más de 2 semanas sin que vaya al cine, porque no hay muestras ni festivales, sólo megaproducciones para tranquilizar a niños hiperactivos que están de vacaciones o a adultos que buscan entretenerse sin hacer ningún esfuerzo mental durante 2 horas. Sé que es verano, también, porque empiezan las rebajas en las tiendas con la consiguiente cruda moral de haber rebasado mi presupuesto. Todo en conjunto me lleva a la conclusión de que no me gusta el verano. No desde que ya no soy estudiante ni vivo en un lugar donde llueve pero sale el sol y el clima es fresco y cálidamente agradable, en vez de una especie de invierno mojado y nublado.

Además, las 2 últimas veces que me reuní con amigos tuve que hacer un esfuerzo descomunal para no bostezar en sus caras mientras fantaseaba con la idea de estar en mi casa leyendo… y esto sucedió en verano. Esta es también la estación en que los clientes ya perdieron u olvidaron el ritmo entusiasta con el que iniciaron el año, y como aún es muy pronto para pensar en fiestas decembrinas, inicios, nuevos proyectos, etc., simplemente están en una zona de confort que hace que los días en la oficina transcurran como en cámara lenta. Aún más lenta porque casualmente llueve justo 5 minutos antes de mi hora de salida, así que, o corro a la parada del camión antes de que caiga la tormenta o espero a que pase, con los consecuentes lagos instantáneos que se forman oportunamente por las calles por donde debo caminar.

Pero por más que esto parezca una larga queja hacia la estación favorita de los niños y adolescentes, no lo es. Fue en verano cuando conocí a algunos de mis amigos más queridos; cuando entré a la universidad y mi vida cambió por completo; cuando llegué por casualidad -es un decir, porque no creo que las casualidades existan- al trabajo donde estoy ahora y donde tanto he aprendido; fue en verano, también, cuando fui a mi primer congreso de diseño y mi visión sobre éste cambió irreversiblemente.

Por eso aún creo, charcos y fobias aparte, que este verano me traera alguna sorpresa agradable, y aunque sólo se trate de algunas luciérnagas revoloteando en el ciruelo de la casa de mi infancia donde ahora son tan escasas o de un souvenir digno de ser guardado cortesía de las vacaciones de verano de alguien, me sentiré satisfecha. Nunca le he pedido mucho al verano, y por lo mismo, es más fácil que me sorprenda.

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Esta entrada fue publicada en 7 julio 2013 por en ideas y etiquetada con , .
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