Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Los que compramos discos

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Contraportada del booklet de I’m New Here de Gil Scott-Heron

A lo largo de este 2014 he comprado más discos que en muchos años anteriores. De hecho creo que no compraba de esta manera desde que era una adolescente ávida de formar una colección digna e interesante. Luego llegué a un punto en el que ya tenía los discos que me gustaban y empecé a comprar lanzamientos; descubrí nuevas bandas y empecé a comprar sus discos anteriores, pero en general la frecuencia con que compraba disminuyó.

Antes de que Amazon llegara a mi vida gastaba cantidades ridículas de dinero por cd’s importados. Y no me importaba ahorrar meses, porque la música, igual que los libros o el cine, no la veía como un bien material para satisfacer mi ego sino como un bien para satisfacer mi espíritu.

El mundo se puede dividir entre los que compran discos y los que no lo hacen. Ambos lados pueden disfrutar enormemente la música, por supuesto. Pero mientras los últimos la ven como un acompañamiento de otras actividades –mientras trabajan, conducen, estudian, etc.– y como una forma de entretenimiento, los primeros la vemos como una actividad tan especial que merece nuestra completa atención durante algunos minutos y que no sólo es para entretener, sino para alimentar nuestro espíritu.

A todo mundo le gusta la música. Pero lo que compramos discos la tomamos en serio. Hay quienes pasan la vida con audífonos insertados en la orejas, pero no podrían reconocer a alguna de las bandas que escuchan si vieran una fotografía o nombrar al frontman. Esto es importante porque representa compromiso. Las nuevas generaciones pueden agotar la venta de boletos para el último festival de música en cuestión de minutos, pero si no compras el disco de la banda, no te puedes llamar un verdadero fan. Cada día hay más seguidores y menos fans. No es que esto esté mal, quizás sea el futuro natural de la música, pero los que crecimos ahorrando cada peso para poder al cabo de algunas semanas comprar un disco de nuestra banda favorita –porque no existía otra manera de escucharlo, y porque así queríamos que fuera, ya que eso de alguna manera creaba una complicidad con nuestros ídolos– no encontramos normal que las cosas sean así ahora.

Hace unas semanas recibí mi última compra y ni siquiera les quité el celofán, quise reservar ese momento para el fin de semana, cuando tendría el tiempo suficiente para dedicárselos. El Unearthed de Johnny Cash me ha provocado una alegría inmensa; If you leave, de Daughter, es una obra que reinvidica a mi género, en todos los sentidos; XO de Elliot Smith lo escuché con ese sentimiento de dulce nostalgia que provoca saber que ya no habrá más de esa persona, etc. Todos ellos son experiencias, más que ruido para llenar los silencios.

Escuchar y obtener música hoy es extremadamente sencillo. De hecho, no deja de sorprenderme cuando recuerdo cómo era este proceso antes y como ahora se ha reducido literalmente a segundos. Esto es excelente en muchos sentidos, pero me provoca algo de nostalgia ver como ahora ya no hay músicos, sino corrientes y las nuevas generaciones ignoran la individualidad de cada artista, siendo sólo seguidores. Así las cosas.

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Esta entrada fue publicada en 14 julio 2014 por en ideas, música y etiquetada con , , , , .
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