Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Filadelfia. Día 1

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Cuando hace algunos meses planeaba mi viaje a NY, empecé a buscar en los websites de mis músicos y bandas favoritos para ver si alguno daba un concierto en la ciudad o en alguna cercana. Encontré que The Black Keys estarían en Filadelfia el 20 de septiembre e investigando las distancias, no le vi ningún incoveniente a hacer el viaje. Así fue como esta ciudad se volvió parte de mis vacaciones. Mucho después, hace apenas unas semanas, me enteré que Nick Cave tocaría en NY el mismo día, pero decidí mantener el plan original de viajar a Filadelfia —ya tenía todo listo— y aunque fue muy difícil, al final no me arrepentí en lo absoluto, porque la ciudad me encantó desde momento en que me bajé del autobus.

 

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Para empezar, el lugar donde reservé resultó ser el más encantador donde me he hospedado. La Reserve es una casa de la segunda mitad del siglo XIX acondicionada como hotel, con todos los servicios, acogedora, confortable y con una decoración tradicional de la época; en un vencindario tranquilo, muy bonito y muy cerca del corazón de la ciudad. Luego de dejar mi equipaje salí a conocer. Desde mis primeros pasos tuve la sensación de que estaba en un lugar distinto a cualquier otro que hubiera conocido, de manera positiva. A donde quiera que viera la ciudad me parecía hermosa y me sentía contenta sólo de caminar por sus calles. La primera parada: el museo.

 

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Philadelphia Museum of Art. El museo más grande de la ciudad y uno de los más grandes del país tiene una colección que abarca más de 2000 años de creación artística, desde arte europeo del siglo XII hasta contemporáneo, alojada en un edificio magnífico. Al museo se llega por una larga avenida rematada con un monumento a George Washington. Luego de subir unas largas escaleras —inmortalizadas gracias a Rocky que, por cierto, también es un emblema de la ciudad y tiene su propia estatua a un lado de entrada— se llega al acceso principal. Desde ahí, la vista es fabulosa.

 

Cy Twombly - Shades of Achilles, Patroclus, and Hector

Cy Twombly – Shades of Achilles, Patroclus, and Hector

El museo consta de 2 pisos y un sótano. Mis áreas favoritas fueron nuevamente las de arte moderno y contemporáneo. En otros museos había visto obras de Cy Twombly, pero las que vi aquí fueron mis favoritas. Pinturas inspiradas en La Iliada, de una simpleza y una elegancia verdaderamente inspiradoras. También me encantaron las obras de Rauschenberg y Jasper Johns.

 

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El museo además cuenta con otros dos edificios. The Perelman Building se encuentra a unos metros de distancia, es más moderno y pequeño y está consagrado a exposiciones temporales. Aquí vi la exposición Patrick Kelly: Runway of Love. Patrick Kelly fue un diseñador afroamericano nacido en Mississippi que emigró muy joven a París y pronto empezó a llamar la atención con sus diseños llenos de color, en donde combinaba una gracia casi infantil y una osadía siempre marcada por las referencias a sus raíces negras; una especie de Basquiat de la moda, que también murió joven pero que sigue siendo referencia de las nuevas generaciones. Yo lo desconocía por completo y fue un agradable descubrimiento.

El otro edificio es el Rodin Museum, aunque aquí ya no pude entrar por la hora y tuve que conformarme con verlo de afuera.

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Luego de caminar durante varias horas recorriendo el museo volví al hotel a prepararme para el concierto, pero antes de ir al Wells Fargo Center hice una parada en Pat’s Kings of Steaks, el lugar donde  se inventó el platillo más emblemático de la cidad. Caminar por la noche fue tan agradable como en el día, es una ciudad donde se respira la buena vibra. Cuando llegué a mi destino había una larga fila pero avanzó rápido y pude probar el cheesesteak sandwich que me dejó muy safisfecha. Ya con esta parada obligada cumplida me dirigí al concierto.

 

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The Black Keys. Antes de escuchar a The Black Keys, Cage the Elephant se encargó de cumplir con la siempre difícil tarea de abrir el concierto. Salieron muy bien librados y fue una excelente manera de preparar los ánimos y llenarnos de energía. Luego hubo que esperar casi una hora a que cambiaran y prepararan los instrumentos, pero cuando el dueto finalmente hizo su apararición la espera quedó olvidada. The Black Keys es una de mis bandas favoritas desde que los conocí con Brothers y verlos en vivo fue genial.

Al salir, la estación más cercana del metro se llenó de gente que como yo había ido al concierto, era una sensación parecida a un viaje escolar y fue muy agradable. Pronto estuve en el hotel, sedienta y muy cansada, pero muy satisfecha con mi primer día en la ciudad.

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