Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Querido Marcel,

marcel-proust2Si pudieras intercambiar correspondencia con un autor de pasado, ¿qué le dirías? No pude resistirme ante esta situación hipotética y empecé a imaginar. Si bien hay por lo menos una decena de cartas que con gusto escribiría a igual cantidad de destinatarios, hay uno a quien me gustaría escribirle por sobre cualquier otro, mi amado Marcel Proust:

Querido Marcel, Te escribo desde una época muy lejana, Du côté de chez Swann está por cumplir 102 años, ¡Imagínate! Te costaría creer la cantidad de cosas que han cambiado a casi un siglo de tu partida. ¿Recuerdas cuando instalaron el teléfono en tu casa y tu ama de llaves no pudo menos que considerarlo un artilugio de brujería? Bueno, si viera las cosas que ahora existen temería por la próxima llegada del Apocalipsis.

La comunicación ha evolucionado de maneras que no podrías imaginar, pero te complacerá saber que À la recherche du temps perdu sigue publicándose, en modestos tirajes, sí, pero cada uno de los lectores que la tiene en sus estantes y que ha logrado terminarla, queda marcado de por vida. Quizás te habrán llegado rumores de que casi nadie la lee; de que la abandonan a las primeras páginas por no encontrar en ellas suficiente motivo para dedicar largas y numerosas horas de su existencia hasta terminar las más de 3000; que mientras más nos acercamos a esta época desde la cual te escribo, más inasibles parecen tus palabras a los lectores y se contentan con saber que no están solos y que son muchos los que al poner el adjetivo “difícil” justifican su deserción de tan extraordinaria empresa.

Todo lo anterior es verdad, no voy a ocultártelo. Pero también debes saber que aquellos que logramos pasar las primeras páginas y cruzar esa barrera literaria del inicio, nos sentimos generosamente recompensados con la entrada a tu universo, donde los crisantemos de Odette, los vitrales de la iglesia de St. Jacques (¿sabías que el pueblo ahora se llama Illiers-Combray?) y la bicicleta de Albertine, son algunos de los indicios simbólicos de que estamos emprendiendo un viaje casi onírico, donde la nostalgia y el amor son igualmente bellos. Eso nos cambia la manera de ver la vida.

En mi caso, fue luego de leer À l’ombre des jeunes filles en fleur cuando supe que ya no te abandonaría nunca. Por ti —también por Balzac, Flaubert y Stendhal, pero más por ti— decidí aprender francés, para leerte sin intermediarios. ¿Recuerdas ese pasaje donde cuentas que caminabas con Albertine por el camino rodeado de árboles y que ella te extendió un papelito donde te escribía que te quería mucho y fue en aquel momento cuando supiste que con ella vivirías tu novela? Eso me afectó particularmente porque yo también creo que el amor es así, un sutil signo que cae en medio de un momento trivial pero que es claro y luminoso, como una revelación.

Yo me impresioné tanto como tú cuando luego de años de no ver a Gilberte la confundiste con su madre, derramé algunas lágrimas cuando supe que Robert había muerto en la guerra y por supuesto, pude corroborar más que nunca que a veces el tiempo es implacable y no deja espacio para la acción, como cuando me enteré que Albertine ya no existía más. Todo esto es para decirte que si pudiera vivir en un libro sería el tuyo, si pudiera conocer a una persona muerta, serías tú y si esta carta pudiera ser leída por ti, me sentiría muy dichosa porque debo decirte que después de todo, el tiempo perdido sí se recobra, para eso es el arte; que la memoria no es un llano gris y fijo donde el tiempo se ha detenido, sino un hermoso campo lleno de frondosos árboles, como aquel donde jugabas con Gilberte cuando todavía eran unos niños o como aquella playa de Balbec donde un día, la visión de una chica en bicicleta cambió tu vida para siempre.

Así como Virginia Woolf después de leer el primer tomo de tu novela, yo también siento que ya no hay más que hacer, que más valdría desistir de cualquier propósito literario, pero a la vez, también creo que vale la pena intentarlo. Después de todo, es en la palabra donde tenemos nuestra revancha con el tiempo. Éste me separa de ti, igual que el espacio, pero hay muchas otras cosas que nos unen, Querido Marcel.

Con toda mi admiración y cariño,
Beatriz

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Esta entrada fue publicada en 12 enero 2015 por en literatura y etiquetada con , , , .
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