Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Francia en NY

Antes de venir a NY, entre mi lista mental de cosas que debía hacer estaba ver un musical en Broadway. Pasaron las semanas y realmente no había nada que me llamara la atención suficientemente como para pagar el precio ridículamente alto del boleto. Pero entonces llegaron los Tony Awards y en un podcast que escucho regularmente de Radio France hablaron de la entrega de premios de este año y, para mi sorpresa, no sólo no hablaron mal al respecto —como normalmente hacen todo con lo que provenga de Estados Unidos— sino que se unieron a las opiniones positivas sobre la obra triunfadora de la noche: An American in Paris.

En ese momento se volvió mi opción ideal. Nada de la “magia” de Disney ni de ideas “originales” forzadas a ser musical, sino algo que prometía ser una obra de arte. Le dije a Shirley que ésa era la obra que me gustaría ver y ella se encargó de comprar los boletos aprovechando un descuento que le dan en su compañía.

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Para llegar del metro hacia el teatro tuve que caminar unas 4 calles que en realidad son cortas pero que aquí se vuelven una auténtica tortura. Times Square es probablemente la zona con mayor cantidad de personas por metro cuadrado en la ciudad. Realmente no comprendo como la gente puede ir allí por gusto; cualquiera de las tiendas que se encuentran en la zona tienen sucursales en otros puntos de la ciudad. Y si es por ver las paredes tapizadas de pantallas gigantes y anuncios, con estar ahí 5 minutos bastaría. Pero en fin, la travesía valió la pena.

Cuando entramos al teatro lo primero que me sorprendió fue su tamaño. Lo imaginaba más grande, pero eso no me decepcionó sino todo lo contrario, porque desde nuestro lugar se veía el escenario perfectamente y muy cerca. Unos 7 minutos después de la hora programada, se alzó el telón. A partir de ahí, fueron más de dos horas en las que los espectadores fuimos cautivados en una especie de encantamiento visual y sonoro. An American in Paris representa a la perfección lo que es la magia del teatro musical, una celebración de alegría y gracia.

Photo: Matthew Murphy

Photo: Matthew Murphy

Los actores son bailarines profesionales de ballet y eso se puede ver en las coreografías, que son elegantes y con una gracia natural; la música y las canciones son excelentes; el vestuario es el sueño de cualquier mujer con un gusto por lo vintage. Yo usaría con gran placer cualquiera de los vestidos que las actrices portaron.

Y en cuanto a la escenografía, es sencillamente brillante. Unos cuantos elementos bastan para darle a las escenas el tono y el lugar, mientras que en el segundo plano, en paneles móviles se proyectan imágenes, que como diseñadora no pude más que admirar. Yo no tengo contra qué compararlo porque es el primer musical que veo, pero según Shirley —que va a Broadway al menos dos veces al año— es la mejor escenografía que ha visto hasta ahora.

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Los actores principales son verdaderos artistas. Actuan, bailan, cantan y además son muy atractivos y con una química que se transmite hacia el público y facilita la conexión con la historia. Una historia de amor, en la ciudad más romántica del mundo en tiempos de post-guerra, en medio de la incertidumbre y el temor, pero envuelta en música, baile y una excelente puesta en escena.

No puedo más que considerarme afortunada de haber visto esta obra, porque si la llevaran a México sería difícil igualar la calidad de la original y cuando hagan el remake en el cine —porque estoy casi segura de que lo harán, es cuestión de tiempo— no será lo mismo que verla en vivo. Si la tuviera que describir en una palabra sería: encantadora.

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Mi otro encuentro francés lo planeé cuando la semana pasada me enteré, gracias a TimeOut —que ahora busco cada miércoles, cuando la mayoría de la gente la rechaza al hombre que las extiende afuera del metro— que el domingo 12 se celebraba el Bastille Day en 60th St, entre la 5ta avenida y Lexington, muy cerca de Central Park y del templo selfie que es la Mac Store. El motivo de este evento es conmemorar el día del inicio de la Revolución Francesa (14 de julio de 1789).

El domingo fue un día hermoso, soleado pero sin mucho calor, así que fue ideal para estar al aire libre. Aunque una vez más, había tanta gente en este evento que apenas se podía caminar y lo que más había de comida eran postres, que no son lo mío. Por lo demás, conseguí un libro a 1 dólar —usado pero en muy buen estado— y mientras comía cuscus en una de las mesas comunales una mujer se sentó a mi lado y empezó a platicar conmigo. Una señora muy agradable, que a sus 56 años lucía como de 45, afroamericana, que me contó que en su juventud fue modelo y trabajó en Milán. Fue un encuentro muy ameno, nunca dejaré de admirar a esas personas que pueden entablar conversaciones tan fácilmente, sin caer mal, con naturalidad y simpatía.

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Un comentario el “Francia en NY

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Esta entrada fue publicada en 15 julio 2015 por en cultura, viajes y etiquetada con , , , , , .
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