Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

Los 9 lugares más interesantes de mis vacaciones. Parte II

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Alexandria. Hice caso a una recomendación e incluí esta pequeña ciudad de Virginia como una de las paradas necesarias del viaje. Se puede llegar en metro de DC —el recorrido toma menos de una hora— y una vez ahí, un camión ofrece recorridos gratuitos a lo largo de King Street, la calle principal, hasta llegar al puerto. Es una ciudad distinta a todas las que he conocido. Muy pequeña, pintoresca, llena de lugares agradables para comer, comprar o simplemente para caminar.

 

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Baltimore. Cuando le mencioné a Shirley que Baltimore estaba en mis planes, su reacción fue la misma que tendría un mexicano si le dijera que voy a ir a Michoacán o a Tijuana. La impresión general es que es un lugar peligroso donde la pobreza y la marginación predominan y donde, en el mejor de los casos, no hay mucho que ver o que hacer. Pero yo estoy convencida, primero, de que los medios de comunicación siempre manipulan la información y segundo, que para vivir experiencias completas hay que conocer más allá de lo que aparece en las guías de turistas.

En realidad, mi impresión de Baltimore es que se trata de una ciudad más tranquila y organizada que la mejor de México. También tiene un sistema de transporte gratuito que recorre las principales calles; el puerto es una zona vibrante y que vale mucho la pena. Nuestra visita coincidió con una convención de cómics y había gente disfrazada por todas partes. Y tiene un acuario extraordinario que por su elevado costo ya no pudimos visitar y que será el pretexto para que vuelva.

 

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Philadelphia Museum of Art. Sin duda, uno de mis lugares preferidos. Esta visita la disfruté más que la del año pasado porque mis pintores admirados han ido en aumento y ahora pude apreciar mejor sus obras. Detenerme varios minutos en la sala dedicada a Cy Twombly donde se exhibe Fifty Days of Iliam y sentirme auténticamente conmovida; divertirme viendo como la gente intenta reproducir la escena de Rocky cuando corre por las enormes escaleras de entrada; descubrir que hay un camión, también gratuito, que transporta visitantes entre las tres sedes del museo (Main Building, Perelman Building y Rodin Museum); en fin, ya estoy pensando en mi próxima visita. Sólo me faltó entrar a la exposición temporal dedicada a los impresionistas, pero no lo lamenté mucho porque si algo vi durante este verano fue impresionismo.

 

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Franklin Institute. Si bien es un lugar esencialmente para niños, eso no impide que como adulto sea una visita entretenida y divertida. Sin embargo, lo mejor de visitar el Franklin Insitute no fue ver cómo funciona el cerebro y los trenes, hacer pruebas de memoria o comparar los tamaños de corazones de distintas especies animales, sino la exposición temporal The Art of The Brick. Obras que el artista Nathan Sawaya crea con piezas de Lego y que son, en una palabra, impresionantes. El recorrido empieza con reproducciones de pinturas famosas como un autorretrato de Rembrandt y la Mona Lisa; luego siguen pinturas famosas pero reproducidas tridimensionalmente, es decir, como esculturas. The Kiss de Klimt fue mi favorita. En seguida, reproducciones de arte clásico y por último obras totalmente originales. Nunca había visto nada parecido y es sin duda una de las exposiciones más memorables que he visto en mi vida.

 

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Rodin Museum. El año pasado, por falta de tiempo, no pude aprovechar la entrada a este museo. Forma parte del complejo del Philadelphia Museum of Art, así que por 22 dólares se puede entrar a las tres sedes en dos días consecutivos. Una razón más para que sea de mis favoritos. El Rodin Museum es un lugar muy pequeño pero magnífico, que posee la mayor colección de obras del escultor fuera de París. Desde la entrada, uno se topa con The Thinker, para seguir por un estanque artificial rodeado de un jardín estupendo y continuar por la entrada principal que se abre a los visitantes a través de The Gates of Hell. Ya en el interior hay una gran cantidad, no sólo de obras terminadas sino de estudios preparatorios que permiten entender mejor la grandeza de Rodin, un artista minucioso, perfeccionista, casi obsesivo. Me gustó particularmente la serie de estudios para la escultura de Balzac, tan polémica como fascinante.

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