Filme, pluma y píxel

Mis reflexiones sobre cine, literatura y diseño. Y sobre otras artes también.

El primero de los 30

31

Hace unas semanas llegué al primero de los 30, entre macrosimulacros, documentales en la tele y anécdotas que conmemoraban el 30 aniversario del gran terremoto que devastó la ciudad de México. Mi cumpleaños siempre ha estado ligado inevitablemente a este suceso y es la referencia más fácil, si bien no la más afortunada, para que la gente lo recuerde.

¡Este año ha pasado tan rápido! No siento que ya tenga 31, pero definitivamente me queda claro cuando tengo que convivir con gente de otra generación (he concluido que soy incapaz de mantener una conversación con alguien menor de 24). Y también lo sé cuando me doy cuenta de que tengo recuerdos relevantes de mi vida que ya tienen 15 años o más de antigüedad. Pero esto no es de ninguna manera una queja por el paso del tiempo. Al contrario, este primero de los 30 ha sido un año excepcional, por eso quise escribir y compartir esta lista de los 9 mejores momentos:

Empezar una nueva década en NY. Pasaron 30 años para que pudiera hacer mi primer viaje internacional, pero valió totalmente la espera. La ventaja de conocer una de las ciudades más increíbles del mundo a los 30 y no a los 15, por ejemplo, es que ya tenía la madurez y cultura necesaria para poder apreciar lo que viví y vivirlo con total libertad.

Descubrir nueva música. Este año se abrió un nuevo lugar en mi altar personal de ídolos. Desde hace un tiempo, hice una nota mental de acercarme a la música del Piporro; algo me había atraído a él desde siempre. Primero compré un libro excepcional dedicado enteramente a él y días después busqué su música en iTunes. Empecé comprando un disco de éxitos, para tener un panorama general. Durante varios días —semanas— fue mi soundtrack casi exclusivo. Me enamoré por completo. Compré más discos, volví a ver las películas que había visto de niña y en conclusión, Eulalio González se volvió uno de mis encuentros más afortunados.

Enamorarme de nuevos autores. Si tuviera que definir este año en mis lecturas, diría que fue un redescubrimiento de la literatura latinoamericana. Nombres que había oído tiempo antes pero a quienes no me había acercado, como Nicanor Parra, Mario Levrero y Jorge Ibargüengoitia; u otros viejos conocidos que este año se volvieron de mis favoritos, como Sergio Pitol, Daniel Sada y Salvador Elizondo.

Ver más arte que nunca antes. Desde la impresionante retrospectiva de Jeff Koons en el Whitney hasta la de Vicente Rojo en el MUAC, este año he obtenido una reserva de inspiración valiosísima. Además creo que he llegado a un punto en la vida en el que puedo verdaderamente apreciar el arte y por lo tanto, disfrutarlo mucho más.

Leer con fluidez en francés. Este año, ya puedo decir que soy francófona. Mi objetivo inicial de tomar clases, que era ser capaz de leer a algunos de mis autores favoritos en su idioma original, se ha cumplido y además esto me ha acercado a otros totalmente desconocidos o de los que sólo conocía el nombre. Algo que empezó sobre todo por curiosidad me llevó a aprender y a ampliar mi panorama.

Adquirir una nueva rutina y descubrir que efectivamente, hay tiempo para todo. Hace poco más de un año estaba batallando con la idea de que el tiempo se escapaba y que de seguir así, no lograría escribir una novela, tener una vida más saludable e inclusive escribir con más regularidad en este blog. Luego me di cuenta que jamás lo lograría porque si le dedicaba el tiempo que me sobraba al final del día, no sólo era muy poco probable llegar a tenerlo, sino que era la peor hora porque ya estaba agotada por la jornada. Un sencillo cambio dio un giro total: en vez de dedicar un par de horas en la noche, lo empecé a hacer en la mañana. Así, al momento de salir de mi casa, ya he cumplido con la mitad de mis deberes.

Dejar de perder el tiempo. Esto va muy unido al punto anterior. Hace un par de años no me importaba demasiado pasar un fin de semana en absoluta inactividad o salir en las noches para convivir con gente que más bien me aburría. Hoy tengo la madurez suficiente para rechazar una invitación sin sentir pena y para sentirme profundamente feliz cuando es viernes en la tarde y mi compromiso es con mis libros en mi casa o con una película y una taza de café.

Pasar un verano en el extranjero. Nunca olvidaré este verano. No abundaré mucho porque toda lo relevante de mi travesía está narrado en posts anteriores. Sólo voy a agregar que si bien no pude vivir una experiencia así durante la preparatoria o la universidad —que sin duda también habría sido inolvidable— estoy convencida de que para mí lo mejor fue vivirla en este primero de los 30.

Estar a gusto en mis zapatos. Esto significa no hacer nada que no quiera hacer, ni por compromiso ni por pena ni por interés. No sentir pena de hablar, de pedir, de intentar cosas nuevas y en general, estar muy a gusto siendo yo. No tener miedo por el futuro, ni por el paso de los años, sino al contrario, esperarlos con emoción y dispuesta a ser sorprendida por la vida.

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Esta entrada fue publicada en 11 octubre 2015 por en ideas, Mis listas y etiquetada con .
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